Barcelona 01

Published on diciembre 15th, 2013 | by falagan

De Caja Madrid a Alta Diagonal

Hace pocos días se ha presentado en Barcelona la renovación del antiguo edificio de Caja Madrid en la avenida Diagonal. El grupo inmobiliario alemán DEKA es el responsable de esta reforma, para la que ha contado con la oficina BAAS, dirigida por el arquitecto Jordi Badia y responsable, entre otros trabajos recientes, del Museo Can Framis (Fundació Vila Casas) o del comisariado del Pabellón Catalán en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2012.

Se trata de la reforma de uno de los edificios de oficinas más singulares de Barcelona, inaugurado originalmente en 1993. Pertenece a una de las etapas más fructíferas de la arquitectura catalana, prácticamente contemporáneo de las construcciones olímpicas y de la quinta de su vecina Illa Diagonal. El edificio fue diseñado en el despacho de Josep Maria Fargas, socio hasta ese momento de Enric Tous, aunque éste solo participase en las primeras fases del diseño (significativamente, el proyecto de ejecución final fue firmado por Fargas Arquitectes Associats, junto a Juan M. Flores y Eloy Diez Fernández).

El tándem Tous y Fargas había sido uno de los equipos de arquitectos catalanes más importantes del tercer cuarto del siglo XX. Sus propuestas arquitectónicas idealistas y tecnológicas fueron especialmente valientes teniendo en cuenta un contexto en que dominaban los proyectos realistas de la que después se conocería como Escuela de Barcelona. Si bien los mejores ejemplos de su arquitectura se dieron en las décadas de 1960 y 1970 (hasta el edificio del Banco Industrial de Catalunya, hoy Edificio Planeta), su proyecto para Caja Madrid todavía conservaba algunas de las cualidades que les hicieron especialmente reconocidos como arquitectos de grandes entidades corporativas.

A la iquierda, Caja Madrid de Fargas Asociados. A la derecha, Hyatt Regency Hotel de John Portman

A la iquierda, Caja Madrid de Fargas Asociados. A la derecha, Hyatt Regency Hotel de John Portman.

Durante muchos años, Tous y Fargas destacaron fundamentalmente por la introducción de sistemas constructivos y materiales poco conocidos o prácticamente inéditos en Barcelona (desde estructuras mixtas de hormigón y acero, hasta jardines verticales, pasando por muros cortina o fachadas de elementos plásticos prefabricados). Una exploración tecnológica que estaba motivada por la búsqueda de la máxima industrialización de los componentes constructivos, la consecución de espacios flexibles o la optimización de los recursos. Sin embargo, esta voluntad tecnológica también determinó una dependencia formal, que evolucionó a lo largo de su carrera, pero que banalizó excesivamente la arquitectura producida a partir de los años 1980.

A la izquierda, Caja Madrid de Fargas Asociados, a la derecha Centre Pompidou de Piano y Rogers.

A la izquierda, Caja Madrid de Fargas Asociados. A la derecha Centre Pompidou de Piano y Rogers.

Es por eso que el edificio ahora conocido como Alta Diagonal, combinaba grandes cualidades con aspectos claramente criticables. Detrás de una inmensa fachada de muro cortina, bastante anodina, se escondía un magnífico atrio interior, próximo a los halls más comerciales de John Portman, pero seguramente también deudor de la primera arquitectura high-tech de Richard Rogers. Precisamente Fargas calificaba este edificio como un “edificio semi-insecto”, por el hecho de llevar exteriormente parte de los sistemas de conducciones de instalaciones, tal y como Rogers y Piano había hecho en el Centro Pompidou de París. Esta circunstancia hace mucho más interesantes algunos aspectos de las fachadas posteriores, e incluso configura probablemente la cubierta más maquinista del cielo barcelonés (para los curiosos, comprobable desde Google Maps).

Edificio Caja Madrid desde Google Maps.

Edificio Caja Madrid desde Google Maps.

La intervención que se ha inaugurado ahora aporta algunos valores, pero presenta también algunos sacrificios respecto de la arquitectura original. Sin lugar a dudas, la gran aportación de la reforma es la reapertura del atrio como espacio público, accesible hasta los jardines y la remodelada terraza posterior. Este gran hall es ahora un espacio diáfano, del que se han limpiado algunos elementos no originales, y en el que se han planteado un nuevo espacio de recepción y una cafetería. Desde el exterior, una importante mejora es la eliminación del espacio de aparcamiento en superficie que se había consolidado frente a la avenida de Sarrià. En cualquier caso, muy probablemente, los cambios más significativos se dan en aspectos no visibles, como el sistema de climatización y la eficiencia de las instalaciones en general.

Por otra parte, la reforma del atrio ha eliminado uno de los elementos más singulares del patio original, como eran las jardineras y el jardín vertical, elemento tan característico de la obra de Tous y Fargas. Estas jardineras, juntamente con el estanque que ocupaba la planta baja, configuraban una atmósfera de confort muy especial y muy valiosa en un edificio de estas características. Su reforma pierde color y sensación de frescor frente a un interior mucho más gris, que gana iluminación pero pierde personalidad.

Edificio Alta Diagonal, tras la reforma.

Edificio Alta Diagonal, tras la reforma.

El color es uno de los aspectos destacados de esta reforma, no solo en el interior, sino también en algunos elementos exteriores. En el proyecto original se remarcaba la presencia de conducciones, escaleras exteriores o incluso elementos estructurales mediante colores vivos, muy característicos de algunas arquitecturas de los años 1980, como la de la oficina americana Arquitectonica. El equipo de Jordi Badia ha optado por sustituir estos colores por el blanco, en un ejercicio curiosamente parecido al que la misma oficina propuso para las preexistencias del Museo Can Framis. Sin embargo, lo que allí era un camuflaje inteligente, aquí muestra cierta incomodidad con la arquitectura existente.

Finalmente, el último elemento singular que ha sido sustituido es la vidriera del Antonio L. Sainz –Kesahva-, que ocupaba la fachada principal y la comunicaba con el atrio. En su lugar se ha instalado un muro cortina transparente tras un esqueleto estructural prismático que enfatiza la presencia del acceso principal y del atrio posterior. Se entiende aquí el interés por corregir el aburrimiento del volumen plano que se presenta frente a la avenida Diagonal, pero la solución escasamente resuelve el problema y tiene una difícil aplicación como marquesina. De hecho, no deja de ser redundante, si tenemos en cuenta el voladizo que aporta la nueva caja de recepción.

A la izquierda, vidriera original del edificio Caja Madrid. A la derecha, acceso actual al edificio Alta Diagonal.

A la izquierda, vidriera original del edificio Caja Madrid. A la derecha, acceso actual al edificio Alta Diagonal.

Seguramente Josep Maria Fargas estaría bastante contento con la reforma del edificio, porque entendía muy bien que la arquitectura debía ser adaptable a las necesidades del mercado y a las mejoras tecnológicas. En este sentido, la intervención en general es correcta y solo se echa en falta algo más de diálogo con algunos aspectos del diseño original. Jordi Badia conoce muy bien la arquitectura de Tous y Fargas. Él mismo trabajó en su despacho en algún momento durante su formación como arquitecto. Pero los inversores extranjeros habitualmente no tienen esta sensibilidad con nuestra herencia cultural. Solo un ejemplo: el video corporativo de DEKA sobre este edificio (accesible desde la página web de Alta Diagonal) comienza hablando “del arquitecto estelar Josep Maria Tous y Fargas”… Si no ayudamos a conocer nuestros referentes difícilmente podremos poner en valor sus aportaciones.

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