Ciudades mapa_barcelona

Published on abril 28th, 2013 | by falagan

Coleccionar ciudades

Ahora os diré cómo es Octavia, ciudad telaraña. Hay un precipicio entre dos montañas abruptas: la ciudad está en el vacío, atada a dos crestas por cuerdas y cadenas y pasarelas. Uno camina por los travesaños de madera cuidando de no poner el pie en los intervalos o se aferra a las mallas de una red de cáñamo. (…) Esa es la base de la ciudad: una red que sirve para pasar y sostener. (…) Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Octavia es menos incierta que en otras ciudades. Sabe que la resistencia de la red tiene un límite.

Ítalo Calvino, Las ciudades invisibles, Ciudades sutiles 5

Los diarios comienzan a plagarse de anuncios de viajes a medida que el año avanza y el buen tiempo se perfila como una realidad cercana y no sólo como un recuerdo brumoso. Escapadas europeas para los puentes, viajes de novios al Caribe, apartamentos en primera línea de mar o cruceros por el Adriático. Esta última fórmula, el crucero, se está imponiendo como alternativa a los circuitos organizados con una oferta que conjuga lujo, relax y la posibilidad de recorrer grandes distancias de manera (supuestamentente) cómoda. Seis ciudades en siete noches acostumbra a ser el promedio; navegación nocturna y visita diurna a los puertos componen el programa diario. Catorce horas en Atenas, medio día en Túnez: el tiempo justo para llegarse hasta el centro histórico y dejar testimonio con la cámara digital de que realmente se ha estado allí. En estas condiciones, cabría plantearse si el viajero no acaba convertido en mero reportero gráfico de elementos emblemáticos, en fetichista de souvenirs, en coleccionista de ciudades.

La figura del coleccionista de metrópolis no es nueva aunque ha sufrido cambios con la sociedad tecnológica: antes de la revolución industrial los relatos de los viajeros fascinaban a un público que atesoraba novedades y las completaba luego en su imaginación. Esa situación es la que recrea el escritor italiano Ítalo Calvino en Las ciudades invisibles. Editada en 1972, esta obra narrativa a medio camino entre la antología de relatos y el cuaderno fantástico de notas contiene una breve descripción de 55 ciudades imaginarias con nombre de mujer que Marco Polo ofrece a su mecenas, Kublai Kan, emperador de los tártaros. El monarca necesita de las narraciones de sus viajeros pues, si no conoce sus territorios, no los posee. El relato se establece como fuente de conocimiento y de aprehensión de realidades lejanas con las que, seguramente, el Kan no entrará en contacto. Por el contrario, la modernidad ha decidido que la única forma de conocer y de aprehender la realidad es estando físicamente en ella, visitándola.

mapa_barcelonaEl desarrollo de las comunicaciones elimina distancias y fronteras: acerca personas alejadas y culturas heterogéneas, reúne conocimientos dispersos. Las ciudades aparecen listas para ser capturadas en un instante y, por ejemplo, los mapas ya sólo muestran las zonas históricas, convertidas en parques temáticos para el turismo. Lo particular de cada lugar, los monumentos característicos, se destacan y cuidan en extremo como si, en una gran sinécdoque, fuera posible explicar el todo a través de una parte. Esos fragmentos supuestamente representativos son un escenario simbólico de festejos y manifestaciones pero habitualmente no son el escenario de la vida cotidiana de los residentes. Éstos viven existencias gemelas encapsulados en barrios de clase media o en bloques de extrarradio, transitan en cruces de autopistas que forman otra ciudad, invisible y cada vez más uniforme en todas partes del mundo. Una urbe genérica de la que habla Rem Koolhaas: “(…) es la ciudad liberada de la esclavitud del centro, de la camisa de fuerza de la identidad. Tiene sentido de hoy y surge de las reflexiones de las necesidades de hoy. Es la ciudad sin historia (…). Su principal atractivo es la anomia. La calle ha muerto”. Precisamente esta uniformización arrasadora fue uno de los factores que impulsó a Calvino a emprender Las ciudades invisibles, según explicó el autor en una conferencia sobre este volumen que se ha convertido en el mejor prólogo a tan inclasificable obra narrativa.

Para Calvino las ciudades se conforman tanto de elementos tangibles como intangibles: deseos, signos, recuerdos, intercambios. Y son precisamente éstos los que toman preeminencia en esas ciudades invisibles que nos describe Marco Polo: los cruces de miradas entre los desconocidos que caminan por las calles de Cloe; la distancia entre la base de la farola y los pies del ahorcado en Zaira; la eterna construcción de Tecla que quiere alejar de ella el comienzo de su destrucción. La mirada del autor italiano rescata sutilidades invisibles que conforman también la urbe. Pero el caos metropolitano nos aleja de estas percepciones, intercambia localidades en nuestra memoria, ahoga los detalles y nos hace olvidar que las ciudades también se imaginan. Porque en Las ciudades invisibles el que menos se mueve, el gran Kan que escucha y divaga en su palacio, es quien más evoluciona ya que pasa de ser un mero oyente pasivo a explicarle a Marco Polo ciudades soñadas por si el viajero las ha encontrado en sus rutas. El emperador pregunta al viajero por qué no habla nunca de su Venecia natal, a lo que el italiano replica que en todas sus narraciones hay algo de su ciudad de origen, elemento base con el que contrastar todo aquello que se encuentra. Tal vez nosotros, turistas cosmopolitas, prefiramos coleccionar ciudades y testimonios y con los souvenirs construir nuestra identidad en este siglo nómada y provisional, donde puede que convivan en un mismo periódico las ofertas de cruceros veraniegos con el recuerdo a Ítalo Calvino a los veinte años de su fallecimiento.

Isabel Aparici – David H. Falagán
[Artículo publicado originalmente en Arqscoal (Revista del Colegio Oficial de Arquitectos de León)]


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